Animal de ciénaga Lcdo. Oscar Acarón En estos días partió hacia el mundo paralelo Julito Campeoni, quien como masón debe ya haber atravesado el proceso de la resurrección. Julito era de la ciudad de las quenepas y había ido a residir a Cabo Rojo por razones de trabajo. Le llevó Don Miguel Torres, quien era dueño de una fábrica de guantes para uso militar. Julito era el todo de la fábrica y la misma funcionaba como un reloj fino bajo su tutela. Era un hombre de muchos contrastes, servicial como ninguno, muy trabajador, entiendo yo que de muy buen corazón, lo que chocaba gravemente con un carácter chacharero, parlanchín, muchas veces prejuiciado y de juicio acelerado, explosivamente imprudente. La mayoría de las veces sus reacciones eran al descuido. Un día en particular, para allá el 1982 o 1983 hicimos una cacería de pichones aliblancos en el predio norte de las fincas de Davisín Antongeorgie y terminada la tirada coloca la escopeta, descargada (gracias a Dios) sobre la capota del Jeep...